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Corazones rotos…

Acabo de leer el post de un colega que dice que “pasa de las mujeres”. Y aunque puede que el muchacho lo esté pasando mal, seguramente, me hace medio sonreir un poquito el tono en el que ha redactado el post.
Porque con dieciséis años… a quién no le han roto los esquemas alguna vez?
Es esa edad en la que todo es tan intenso que cualquier contratiempo amoroso se hace un mundo. Es la etapa de las dudas, en la que todavía no tienes demasiada idea de nada pero en la que te quieres comer el mundo.
Quién no se ha “enamorado locamente” a los dieciséis años? Quién no ha conocido, o simplemente visto a una persona a esa edad y se ha quedado pillado?
Recuerdo al chico que me molaba a mi con esos años. Todas mis amigas “estaban por alguien” y no estarlo era cosa rara. Siempre había que tener en mente a algún chico para poder escribir en los separadores de la carpeta “Fulanito x mi” o “Yo x fulanito”…
En las carpetas y en la puerta de los baños del colegio.
Recuerdo las interminables charlas con las niñas en “el portal de Antía” -los portales eran como minimundos que “pertenecían” a las pandillas. Nuestro portal era “el de Antía”, aunque cuando íbamos a hacer cosas más chungas como fumarnos un pitillo o beber calimocho nos íbamos a algún sitio más apartado de las miradas indiscretas como “el garaje del callejo” o mismo nuestro árbol favorito del Castro. -En Vigo tenemos el privilegio de disfrutar de un pequeño monte en el mismo centro de la ciudad-.
En esos lugares hablábamos hasta la saciedad, reíamos, nos pillábamos un buen contento con medio vasito de lo que fuese…
Y cotilleábamos acerca de “Fulanito”, ese al que apenas conocíamos pero que nos traía locas.
La idealización de Fulanito era tal que cualquier respuesta por su parte se consideraba un pequeño éxito: “Hoy hablamos de tal cosa!”, “Pues tía, yo creo que en la fiesta del viernes va a pasar algo”. “Jo tía, ojalá, es que me encanta!”.
Lo más probable es que en la fiesta del viernes fulanito pasase de ti y se liase con cualquiera… Entonces es cuando la amistad entre la pandilla se hacía más patente: todas las amigas nos apoyábamos en esos momentos de caerse encima el mundo con interminables llamadas telefónicas, con ánimos del estilo “Tú vales mucho más que ella” o “Pero si eres mil veces más guapa que esa, que tiene cara de empacadora” -Susana, recuerdas a “la empacadora”? xD… esa niña era la tuya, la mía era “Alf” -.
Después venía el arrebato de orgullo y amor propio, por lo que “Fulanito” ya no te gustaba más (de hecho “lo odiabas”) y poco a poco te empezaba a gustar “Menganito”. Y así sucesivamente…
Pero también había momentos de éxito, en los que el mencionado “Menganito” o mismo “Citranito” te hacía caso… y llegaba la fiesta de un mes después (había fiestas de todo) y llegabas y triunfabas.
Y en ese momento… te volvías a enamorar… o si pasabas después del chico en cuestión es que “había sido un error”. Y te tirabas media fiesta sentada en un sofá dándote besos con otro pseudodesconocido… intentando que te manosearan lo menos posible, acariciando una mano que realmente te la traía floja. Y te ibas a casa oliendo a colonia de chico de garrafón, y ese olor no lo olvidabas en varios días.
Y ese momento de morreo te hacía sentir importante e integrada, te subía la autoestima un montón, y al día siguiente se lo contabas en “secreto” a tus quince mejores amigas.
El día después siempre era el mejor, el cotilleo, el desmenuzar cada uno de los detalles con las colegas, el expresar todo lo que habías sentido, hasta donde habías llegado que, en realidad, era a ninguna parte… y siempre, te quedases enamorada o no, guardabas la experiencia como oro en paño, y es algo que quedaba en la memoria para posteriores ocasiones de recordar anécdotas pasadas.
Tanto la sensación de euforia que tenías cuando te salían bien las cosas, como lo destrozada que quedabas cuando no… eran de una intensidad que creo que sólo se puede sentir cuando tienes esa edad… Y esa edad hay que disfrutarla y exprimirla a tope, porque no se volverá a repetir nunca.
Así que al colega del post que “pasa de las mujeres”, sólo me queda decirle que no se lo cree ni él, y que pese a lo que se haya podido rallar con lo que le haya pasado, piense que ciertos sentimientos tal y como vienen se van, y que a su edad, es bien cierto que un clavo saca a otro, así que a aprender de la “miniderrota” y en breve a disfrutar de nuevo…
Hasta que el día menos pensado, uno comienza algo con esa persona en la que se ha fijado a lo tonto… y sin darte cuenta comienzan a pasar los años y ves que la cosa sigue adelante… hasta cumplir dos, tres, y hasta ocho aniversarios como es mi caso. Y eso puede pasar a cualquier edad, pero estoy segura de que siempre pasa.
Las pocas veces que me paso por la facultad de ciencias de Vigo, entro en el tercer baño de la planta baja y veo en el marco de la puerta si las chicas de la limpieza han lijado ya o no la madera. Y la última vez que fui, todavía estaba escrito con boli azul eso que escribí el primer año de carrera: “Ana x Iván, 24/9/99″.
Ahí a lo tonto…
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