Archive for jaanuar 20th, 2008|Daily archive page

Regreso de las vacaciones

 

Tras una semana de relax -qué poco he durado, mi madre!- ayer me entraron unas ganas repentinas de volver a postear algo, así que he cogido el billete de vuelta de las Bahamas y aquí estamos de nuevo.

Y en estos días que las colillas han pasado entre cocoteros y caipirinhas, he tenido tiempo más que suficiente para reflexionar… y recordar años atrás.

El primer -y único hasta el momento- varapalo que me ha dado la vida fue con veinticinco años. Y direis “qué suerte, sólo una hostia gorda”… Pues sí.

Y en esa fortuna mía han sido determinantes dos factores: el primero, la fortuna y el azar que me han acompañado desde siempre. Han sido decisivos para que en todo este tiempo no haya tenido ningún problema… y por problemas me refiero a los “serios”, a los que cualquier persona con dos dedos de frente puede considerar verdaderos marrones.

El segundo factor ha sido la gran protección por parte de mi familia que siempre he disfrutado. Esa protección que te hace ver la vida de color de rosa, la que te hace confiar en absolutamente todas las personas porque “todo el mundo es bueno”.

Esa protección que te hace pensar que siendo honesto y sincero puedes llegar a cualquier lugar y que te hace mantenerte en una nubecilla de algodón con tus “amigüitos”, que estarán siempre ahí, y con tus cuatro cosillas materiales que te permiten vivir dignamente.

Así que cuando la primera hostia real llegó, con mis señores veinticinco años encima… fue como si una tormenta tropical me despojase de golpe de…

… la capa rosita de algodón de azúcar de los mundos de Yupi.

… el muro de hormigón “a mi niña nunca le va a pasar nada malo” construido granito a granito por mis padres.

… el yelmo que me protegía la nariz que me habían regalado mis 200 “amigos” y “amigas” del alma.

… el escudo y la espada Jedi que me había fabricado mi novio durante los siete años que llevábamos juntos.

… el mono de esparto que llevaba puesto debajo después de tantos años de padecer malos síndromes premenstruales.

… mi ropa.

… y la capa de crema hidratante con olor a almendra que tanto me gusta.

Todo eso me lo arrancó de cuajo la tormenta tropical de los veinticinco años. Y me quedé…

… en pelotas, y para más inri me di cuenta de que había perdido el moreno y de que me sobraban un par de kilos oighs! ;)

Un par de toneladas de confianza en las personas se fueron volando asimismo, pero como veinticinco años dan pa mucho aún me quedó una buena recarga.

Y después, poco a poco, una vez independizada, una vez que vives más experiencias, que vas haciendo nuevos colegas -que no amigos- que vas perdiendo antiguos amigos - o colegas , o conocidos…-

… Que sales un poco más de fiesta, que comes un par más de petitsuisses…

Te vas dando cuenta de que hay que ser más perra para que no te vacilen, que hay que aprender a fingir las sonrisas, que SOLO hay que confiar en quien te ha demostrado a lo largo de mucho tiempo, que “amiguiños sí pero a vaquiña polo que vale” (“amiguitos sí pero la vaquita por lo que vale –> sobreentendemos una venta de una vaca ;) ).

En fin; he dejado el blog porque no me apetecía mucho escribir, y porque hay dos tipos de lectores: los que entráis para leer, como yo hago con otras páginas, y los que entran para cotillear y después intentar llenar su vacía y superficial existencia hablando de mi, guiándose por lo que creen conocerme a través de mis palabras o de los pocos datos personales que me cuido bastante de reflejar en una página de internet.

Así que primeramente NO va a haber foto. La puse en su día pero cuando el número de lectores comenzó a subir la retiré por prudencia – y por vergüenza-. Y segundo, cada uno a ver para lo suyo que bastante tendrá, y menos mirar para lo de los demás… y mucho menos por lo que puedas marujear de un blog ajeno.

Besos a tod@s y gracias por estar ahí durante esta semana de respiro.

Anita (como me llaman mis verdaderos amigos).