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Mujeres brillantes I: Alfonsina Storni

 

Sus padres la llamaron Alfonsina, que quiere decir “dispuesta a todo”.

Nació en 1892, hija de un padre melancólico y de una madre que poco tiempo después tomó las riendas de la casa pasando a ser la cabeza de familia.

Alfonsina fue camarera y operaria de una fábrica de gorras hasta que llegó a Rosario (Argentina) donde ella vivía una compañía de teatro, en la que comenzó a sustituir a una actriz enferma… Se quedó con ellos y recorrió Santa Fe, Córdoba, Mendoza y Tucumán. Es así como comenzó su afición literaria, pues conoció las grandes obras clásicas y contemporáneas…

Pero si Alfonsina es famosa es debido a que fue poetisa. Se hizo maestra, y comenzó a publicar en revistas de la época algunos de sus poemas.

Llegó a Buenos Aires en 1911 con lo puesto, sólamente una poca ropa vieja y sus versos en la maleta. Tuvo un hijo ella solita, y se puso a trabajar de cajera, aunque no dejó de colaborar en revistas…

Y como el talento y la constancia suelen tener su premio, consiguió, con muchas dificultades económicas, publicar su primer libro…

Dicen que sus versos no eran demasiado buenos, pero que sorprendía su capacidad de introspección, de “mirarse por dentro”.

En 1918 volvió a publicar… y ganó una medalla. A partir de ahí su inteligencia y su carisma le hicieron ganarse la amistad y el respeto de los poetas modernistas y de los intelectuales de la época.

Con treinta y un años ya era conocida y respetada. Escribió una obra de teatro, y con ella fracasó estrepitosamente… pero no dejó de escribir y escribir.

Alfonsina se suicidó. Padeció un cáncer de mama, y quién sabe qué habrá pasado por su cabeza para terminar de tan trágica manera. Pero este detalle es el que, al menos para mi gusto, le da a su historia un aire romántico aunque algo truculento.

Cuando en 1936 se suicida su gran amigo Horacio Quiroga, ella le escribe…

Morir como tú, Horacio, en tus cabales,
Y así como en tus cuentos, no está mal;
Un rayo a tiempo y se acabó la feria…

Allá dirán.
Más pudre el miedo, Horacio, que la muerte
Que a las espaldas va.
Bebiste bien, que luego sonreías…
Allá dirán.

Se podría intuir en estos versos ya una premeditación de su propio suicidio.

Alfonsina se tiró al mar desde el espigón de la playa de La Perla, en el Mar de la Plata, y su cadáver lo encontraron dos obreros al día siguiente…

Monumento a Alfonsina Storni en la playa La Perla, en Mar del PlataEste es el monumento dedicado a Alfonsina en el lugar…

 Pero hay una versión más poética de su final, con unas pinceladas de leyenda que hacen la historia si cabe más bonita.

Dicen que se mató por mal de amores, y que se fue adentrando poco a poco en el mar hasta dejarnos. Por eso Mercedes Sosa, en el homenaje que le hace en sus versos hechos canción, dice “Te vas Alfonsina vestida de mar….”

-Dos palabras-

Esta noche al oído me has dicho dos palabras
Comunes. Dos palabras cansadas
De ser dichas. Palabras
Que de viejas son nuevas.Dos palabras tan dulces que la luna que andaba
Filtrando entre las ramas
Se detuvo en mi boca. Tan dulces dos palabras
Que una hormiga pasea por mi cuello y no intento
Moverme para echarla.Tan dulces dos palabras
?Que digo sin quererlo? ¡oh, qué bella, la vida!?
Tan dulces y tan mansas
Que aceites olorosos sobre el cuerpo derraman.Tan dulces y tan bellas
Que nerviosos, mis dedos,
Se mueven hacia el cielo imitando tijeras.
Oh, mis dedos quisieran
Cortar estrellas.

Dos calles peatonales

 Tengo la suerte de vivir en la esquina justa de una calle peatonal. Y digo la suerte, porque es una zona que me gusta mucho.

Hace algunos años, la calle en la que vivo y que se puede considerar todavía un barrio (de los de antaño) era horrorosa; tenía unas aceras extremadamente estrechas, por lo que andabas por ellas incómodo y a paso de fila de patitos. Hace tiempo alguien tuvo la gran idea de convertirla en zona peatonal, y ha resultado un cambio espectacular para la mejora de la zona.

Cuando voy andando al curro me la tengo que atravesar de principio a fin. Paso por las cafeterías “de siempre”, esas en las que llevamos años parando. Primero, la de las máquinas de dardos, la que echa la verja y nos deja quedarnos dentro hasta las tantas. Después, esa otra que lleva casi cincuenta años viendo pasar a varias generaciones consecutivas en sus mesas de la parte de arriba. Paso por la ferretería, por el kiosko del americano… por el puesto de periódicos de la Teresa (jobá, mira que grita esa mujer)…

Paso por el videoclub en el que trabajé hace años… ya no se comen una rosca , han bajado muchísimo los alquileres… AndáLaOsa! si siguen contratando a niñas de dieciocho como aprendizas para chuparles la sangre! Hay cosas que no cambian…

Paso por el mercado, por la plaza. Las gitanas venden ropa fuera, huele a pescado, a fruta, las señoras van con el carricoche lleno de acelgas…

Paso por el puesto de la ONCE; Hoy no está el ciego guapo, ese que en realidad no es minusválido pero que heredó el chiringuito del padre… en su lugar está la señora de los cupones que está medio loca, esa que le pegó con un bastón a un tipo por intentar ayudarla a cruzar la calle…

Paso por la autoescuela a la que ha ido toda mi familia jejeje, qué recuerdos del carnet de conducir, a ver si veo al autoescuelero y lo saludo que hace mucho que no sabemos de él…

 Mercado de calle chachi, sociable, y amigable.

Bajo dos calles, diez minutos en total, y llego a la segunda calle peatonal.

Paso por delante de la cafetería más cara que me he echado a la cara hasta el momento, en la que el café no está nada rico. Sí, me refiero a esa cafetería en la que trabaja un señor mayor de limpiabotas vestido de botones… sí de limpiabotas, con la chapa dorada con el nombre de la cafetería en la solapa.

Paso por el museo de Arte Contemporáneo. Hay grupos con pinta de super intelectuales en la entrada, en corrillo como siempre. Van vestidos de punta en blanco, y exageran sus movimientos de manera que es imposible no fijarse en ellos… allí, a las puertas del museo, que se les vea bien.

Me cruzo con cuatro chicas… ¿O es una sóla que ha pasado varias veces? Van (o va??) vestidas como clones: los leggins (o como se digan) bajo las faldillas del traje de chaqueta o vestido con cintura alta (qué mítico este año). El pelo de peluquería, y los zapatos de “chupamelapúnta” (disculpas por la ordinariez). Pasan también varios tíos buenos rumbo al trabajo, engominados hasta las trancas y también con traje de chaqueta. Muchos van en motazas, eso sí, el casco no les despeina una migaja.

Paso por la tienda de ropa, (hay muchas, pero suelo unir MangoZaraStradivariusSferaBennettonHyMRoxie como una sóla, total,en poco se diferencian). Siempre hay peña dentro, sea la hora que sea, sea el día que sea, sea mediodía o la última de las horas comerciales…

Me quedo con el escaparate de Mango, en el que aparece un vestido negro en un maniquí alejado de unas proporciones anatómicas realistas (ya no reales). Es de la colección de Penélope Cruz y su hermana. Se ve una gran foto de sus caretos…

Bajo la cuesta, me tomo un café, y me pongo a trabajar.

Un saludo ;)

 Calle no chachi donde se rinde culto al consumismo en su estado más puro.

Movimiento slow. Segunda parte.

 

Tengo el libro en mi poder; me he leído la mitad… hoy lo terminaré, pero creo que ya tengo información suficiente para cotillearos con más conocimiento de causa que en el post anterior ;) .

Carl Honoré es periodista. Sospecho que es bastante espabilado, e intuyó una mina de oro en la idea de escribir un libro sobre el movimiento Slow. Así lo hizo y, de momento, el ejemplar que tengo en mis manos pertenece a la sexta edición, por lo que no le ha debido de ir tan mal (chico listo…).

Para escribir la obra, al que él mismo se refiere en varios momentos como “su trabajo” -no su libro-, se dedicó a informarse sobre las ideas fundamentales que conforman el Slow, y a ir probando -y comprobando- los diferentes campos en los que hacen hincapié.

Comienza la cosa comentándonos lo rápido que vivimos. Intentándo convencernos de lo que la mayoría de las personas sabemos. Lo hace de manera introductoria (una muuuy larga introducción, un poco densa desde mi punto de vista), de manera que parece que pretende convencernos de lo malísimo que es nuestro estilo de vida y de lo buenísimo que será primero: comprar su libro y, segundo: llevar a cabo los pequeños cambios de rutina que propone.

1.Comida lenta (slow food):

Contra la comida rápida, canta las alabanzas de la comida fresca, de los productos artesanales, de dedicar largo tiempo a cocinar, de tomarnos el momento de la comida como un pequeño “ritual” en el que, despacio, podamos apreciar todos los matices de un buen plato largamente preparado, con calma y paciencia. Ataca a los precocinados y a los transgénicos sin piedad. Cuenta su experiencia en un restaurante de slow food (comida lenta), en el que se pasa cuatro horas y media saboreando un banquete de productos elaborados muuuy lentamente y que le debe haber costado la mitad de su sueldo financiar…

2. Ciudades lentas (slow cities):

Compatibilizan los avances de la tecnología con la preservación de los oficios artesanales, con la arquitectura tradicional, con las maneras reposadas…

Potencian la pequeña empresa familiar otorgándoles los mejores locales comerciales. Cierran calles al tráfico, prohíben las grandes cadenas de supermercados, intentan reducir la contaminación acústica bajando el volumen de la música de los locales de ocio…

Crean espacios peatonales, plantan árboles… buscan la ciudad pequeña que consiga autoabastecerse.

Jejeje, la verdad es que la idea de vivir en una ciudad así resulta tentadora jijijijiji ;)

3. Sexo lento (slow sex):

El tantra. Se basa en la meditación y en alcanzar la “iluminación” a través del sexo.

Para los amantes del tantra, el “si te pillo te cepillo” no tiene cabida. Son partidarios de un sexo lento, relajado, consciente en cada momento de las sensaciones…

Se centran en los preliminares de una manera que a muchos les puede parecer exagerada  o incluso aburrida. Tocar, oler, escuchar… de manera lenta durante un buen rato. El acto en sí es como un largo ritual de comunicación con uno mismo, con la pareja y con el universo, por así decirlo. Incluso los movimientos característicos de la relación sexual cuando ambos cuerpos están unidos, se realizan de manera lenta… quizá yendo en contra de lo que el instinto nos tiene acostumbrados a practicar.

Lento y muy místico. El autor se planta con su mujer en un garito en el que les enseñarán a practicar el sexo tántrico, pero tranquis, que no montan una orgía ni nada. Simplemente les dan unas clases teóricas y meditan un ratito todos juntos, hasta que terminan y se marchan.

De momento me está resultando una lectura entretenida. Pero bueno… no os lo recomiendo como “un buen libro” ni nada que se le aproxime. En mi próximo (y último) post sobre el tema os comentaré la impresión final… que de momento es la misma que tendría si me hubiese leído un artículo en internet sobre este tema…

Eso sí, me quedo con un párrafo que os transcribo literalmente (aunque sé que está un poco prohibido bah… es un cachito pequeño)

“… No sólo deseamos una buena profesión, sino también seguir cursos de arte, ejercitarnos en el gimnasio, leer el periódico y todos los libros de la lista de los más vendidos, salir a cenar con los amigos, ir al club, practicar deportes, mirar la tele durante horas, escuchar música, dedicar tiempo a la familia, comprar los adminículos de moda, ir al cine, disfrutar de la intimidad y tener una satisfactoria vida sexual con nuestra pareja, ir de vacaciones a lugares remotos y, tal vez, incluso realizar alguna actividad como voluntarios. El resultado es una corrosiva desconexión entre lo que queremos de la vida y de lo que, de una manera realista, podemos tener, lo cual alimenta la sensación de que nunca hay tiempo suficiente.”

Que paséis un feliz -y lento- doooooooooooo…

…miiiiiiiiiin…

…goooooooooooooooooooooooooooooo ooooooooo oooooooooooo oooo …

…ooOOOoooommmmm…

“Elogio de la lentitud”. Movimiento Slow.

 

“Elogio de la lentitud”. Carl Honoré.

 Es el próximo libro que pienso leer. Está ahora mismo en el número uno de mis pendientes, por delante de “Juego de Tronos”, “El último merovingio” y “Biografía de España”, esos a los que les tengo tremendas ganas pero que no he comenzado por falta de tiempo.

Bueno, “Elogio de la lentitud” no lo tengo todavía, pero lo he puesto en el número uno porque, definitivamente, me lo pienso comprar en cuanto pueda.

El caso es que hoy y mañana tengo días libres. Uno que me toca, empatado con el festivo del Pilar. Y es la primera vez en quince días que me detengo.

El movimiento Slow es una corriente cultural que nació en Italia, en una protesta contra un McDonalds que abrieron en la plaza de España de Roma.

Los partidarios de esta filosofía de vida no son pasivos. Su intención no es la de estar todo el día rascando la barriga ni tocando los bongos. Simplemente, su máxima es “ser selectivos en la actuación” y “ser plenamente conscientes de cada momento de nuestro tiempo”.

He pasado los últimos quince días en otro mundo. Levantarme justa de tiempo. Correr hasta el trabajo. Segundo café del día y, para dentro. Mis ocho horas han transcurrido como las de mis compis, o sea: hay mucho mucho que hacer, por tanto queremos adelantar lo más posible, por tanto a hacer las cosas lo más rápido posible.

Mediodía: tirar para casa. Comer algo rápido y congelado: latas de guisantes, de atún, de maíz… pollo del tipo “vuelta y vuelta”, que es precocinado, tirada de trastos al fregadero y corriendo al sofá a echar siesta.

Tercer café del día, vuelta al trabajo y a volar, para seguir adelantando curro. Papeles acumulados del día anterior que hay que poner al día, y a trotar de un lado a otro.

Vuelta a casa. Puesta al día de las tareas domésticas a las 22.30, a trancas y a barrancas, y a dormir de nuevo a las 00.00 para volver a repetir la misma jornada al día siguiente.

Y ahora, que tengo el día libre digo: ¿Por qué coño lo he hecho todo TAN deprisa? Vamos a ver: podría haber hecho EXACTAMENTE lo mismo pero sin correr. Invertiría el mismo tiempo, eso seguro, pero simplemente mi espalda no estaría tan cargada, y mi estómago no estaría tan hecho polvo.

El movimiento Slow pretende hacer las mismas cosas, pero de manera más organizada y no todo de golpe.

En cuanto a las cosas de la casa, por ejemplo, son partidarios de poner una lavadora al día, y no acumular la ropa para la colada cada dos o tres. Lógico: habrá menos que preparar si repartimos la tarea a poquitos.

En cuanto a la comida, comprar productos frescos y PLANIFICAR. Está claro que si por la noche hubiese puesto unas lentejas a remojo, al día siguiente en veinte minutos comería algo más decente que esos malditos San Jacobos congelados que me han reventado el estómago, pues me han caído como una piedra.

Agenciarse un hobby tranquilo: por ejemplo leer, bordar, o cualquier cosa reposada. Ultimamente no juego al ordenador, pero recuerdo las viciadas que me mandaba ahí atrás a juegos de peleas, que lo que conseguían es que, de tanto estímulo visual y sonoro a las tantas de la mañana, me fuera a dormir bastante acelerada jejejeje.

Y, en resumen, ocupar nuestro tiempo libre con actividades de calidad, como hacer deporte, pasear (cómo se ha perdido esta costumbre… me sé de uno que no soporta pasear por el mero placer de hacerlo, simplemente pasea cuando escoge ir andando a un sitio en el que tiene algo que comprar, en vez de ir en autobús ;) ). Eso: pasear, ordenar cosas tranquilamente, quedar con los amigos que hace tiempo que no vemos en lugar de mandarles un mail…

Y en cuanto a las tecnologías, el movimiento Slow aboga por utilizarlas de manera que nos ayuden a aumentar nuestro tiempo de relax, pero siempre con un equilibrio. Por ejemplo, está de vicio lo de no tener que ir al banco para hacer una tranferencia, poder hacerla por internet. Pero hacer la compra virtual, para que nos la envíen a casa y ocupar ese tiempo viendo un dvd mientras nos papamos una pizza encargada… vamos, que eso es lo que quieren evitar.

Me parece muy interesante esta manera de ver la vida, y me voy a informar más sobre el tema. De momento me voy a comprar el libro, y ya os comentaré si a alguno de vosotros os interesa…

Y, tambien de momento, hoy me voy a permitir el lujo de cocinar yo, y comer tranquilamente, en la mesa de la cocina, sin radio puesta, y todo lo despacio que me dé la gana, porque… no sé si os he comentado arriba…

ESTOY DE DIA LIBREEE!! YUPIIIIII, TIROLIROOOO!!!! YIHAAAAAAAA!!!!

;)     ;)     ;)

Besazos.

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