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Los colegios de monjas

 

Tenía ganas de comentar algo sobre los colegios religiosos. He estudiado en uno toda la vida, he crecido en él (desde los cuatro años a los dieciocho se considera crecer no?) Jejejeje.

Y lo quiero hacer de una manera que, por supuesto, no será objetiva para nada (cada cole y caso será un mundo). Pero lo hago por romper una lanza a su favor, porque en realidad no están tan mal. La mayoría de los ex-compañeros de cole que me encuentro no paran de rajar y de poner a las monjas verdes, “Que si han destrozado mi vida”, “Que si son unas rácanas” , “Que si la época de Franco…”.

Pues bien, yo las defiendo. Nuestra estancia en el colegio no ha sido para echar cohetes, pero vamos! Tampoco ha sido tan mala joer! Y yo al menos no tengo recuerdos tan desagradables de ellas, y no considero que hayan hecho mal su trabajo que era el de educarnos como buenamente pudieron, y enseñarnos lo poco que estábamos dispuestos a aprender jejeje.

1. El uniforme:

Vale, el uniforme no mola, vamos todos vestidos iguales, pero una cosa: el uniforme de los religiosos no es una marca de “empresa” ni una distinción , como puede ser el de muchos colegios laicos privados. Simplemente nos lo ponían para que no hubiese distinciones entre nosotros, en el aspecto económico.

No todas las niñas (de aquélla era femenino) teníamos las mismas posibilidades. Había gente muy de pasta en mi cole, y otras personas de familia más humilde o super humilde. El vestir iguales año tras año nos evitó muchos problemas a la hora de las comparaciones. Todas estábamos al mismo nivel, fuésemos la hija del alcalde o la de Carpanta. Nos dejábamos una talegada en el uniforme al principio de cada dos o tres cursos (lo típico de comprarlo enorme para que durase más) y patadita en el culo a estudiar. Nos evitamos así muchas ñoñerías de “niñas bien”, así que por mi parte me ha parecido siempre estupendo vestir cual borrega. (Aparte NO ha sido TAN traumático, así que a dejar de choromiquear por la ropita leches).

2. ¿Cuántas nos hemos metido a monjas? NINGUNA.

A ver, ES MENTIRA, NO nos han adoctrinado. No nos han comido la olla. NO son sectarios como he llegado a escuchar. Al estar en un religioso hay ciertas normas que hay que seguir, que son las que tus padres han asumido al inscribirte en ellos. Tuvimos, dos o tres veces al año, ceremonias religiosas (algunas aburren, pero no matan). NUNCA nos obligaron a rezar. NUNCA nos intentaron meter en la cabeza su manera de vivir. Evidentemente, la manera de educar era basada en los valores cristianos (compartir, paz, no hacer a nadie lo que no te gustaría que te hiciesen a ti etc.) Pero NUNCA nos han obligado a ir a misa, NUNCA nos han hablado del pecado (como el cura de mi parroquia) ni nada de eso.

Evidentemente , religión era una asignatura obligatoria, pero en ella aprendimos (ya las he olvidado, qué pena) la historia de las religiones, de TODAS las religiones, sin juzgar a ninguna de ellas y siempre desde el punto de vista histórico y antropológico. Así que, por esa parte, menos fantasmear, que nunca nos han hecho pupita por enseñarnos canciones de misa (que, por cierto, me gustan mucho :) ).

3. Son estrictas, no son dictadoras.

A ver, que siempre les hemos tenido un respeto absoluto, porque imponían y se hacían respetar. Pero nada de métodos extraños, simplemente una mirada fulminante de una monja hacía callar al más pintado. JAMAS nos han puesto una mano encima. Las monjas no pegan con una regla, no castigan rezando hasta las tantas. No nos inspiraban miedo, nunca nos han mordido un ojo. Simplemente un grito de vez en cuando, o una nota a casa eran más que suficientes para mantener el orden. Así que no son unas tiranas.

4. No te reprimen sexualmente, ni te rallan para que llegues virgen al matrimonio.

Que no! que no se meten en eso! Llegados a una edad, y con el colegio ya mixto (de los 14 a los 18) las hormonas y el acné corrían a raudales por los pasillos. Si bien es cierto que jamás hemos tenido una clase de educación sexual, y que la que más y la que menos hemos aprendido a base de leer la SuperPop y de comentar con las amigas qué se sentía al pegar un morreo, las monjas no se caracterizaban por darle bombo a esos temas, pero tampoco por reprimirnos.

Vale, que recuerdo compañeras que se han tenido que ir a casa a cambiar de ropa alguna mañana porque los pantalones tipo “leggins” les parecían indecorosos (ahí se tiraban un poco de la moto). Y que no había piercings, y que a los tíos les insistían en que llevasen el pelo corto (ni que las greñas fuesen pa tanto). Pero fuera de esas manías en cuanto a la indumentaria se refiere, nunca nos pusieron cinturón de castidad y, de hecho, aún hacían la vista gorda cuando cachaban a alguna parejita metiéndose mano. Por lo que, de reprimidas, nanai de la china.

4. La enseñanza propiamente dicha.

Había profes muy motivados y válidos, y otros no tanto. Chapábamos como animales, y había cursos en los que nos metían bastante presión de contenidos (así lo repetíamos como loros y no aprendimos casi nada) Teníamos las notas,  y las notas de “avisar a los padres de las notas” – las llamaban informativas e iban cascando a los padres si ibas a suspender alguna-. Hacíamos exámenes a punta pala, hacíamos controles semanales de cada asignatura, nos tomaban la lección…

Vale: aquí aclarar que, respecto a contenidos, íbamos sobrados, pero en el tema de los métodos de estudio nos sobreprotegieron tanto (de tanto estar encima) que la mayoría -como la menda- llegamos a la universidad confiados y así el primer año fue catastrófico.

Deberían habernos dejado sacarnos más las castañas del fuego, pero bueno, en general no nos ha ido tan mal. La parte buena de semejante pressing estudiantil es que, al llegar a selectividad, todos y cada uno de nosotros sabíamos que íbamos a aprobar (un 99% de éxito así lo confirma). Así que tan malo no ha sido el método…

Y en fin, que me extiendo demasiado. Que no hay que ser tan radical, y tampoco tan exagerado. Que los coles de monjas son como cualquier otro, con sus peculiaridades, y que no salimos más o menos mojigatos, pijos o despiporrados que cualquier otra persona que haya ido a un público.

He dicho!

Aaaamén! ;)