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Jugando con los miedos de las personas
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1. Caso primero: El trabajo.
“A” está trabajando en una empresa con un contrato en prácticas. Tras una semana aprendiendo, desempeña su labor como cualquier otro; hace las mismas tareas y curra bastante a saco. Eso sí, “A” cobrará la friolera de 300 euros al mes, o cincuentamil de las “antiguas pesetas” –> (me encanta la expresión “de las antiguas pesetas” ), por su trabajo.
“A” se conforma, porque es obligatorio para ella realizar esas prácticas para la uni, y porque al menos algo está aprendiendo, aunque no sea gran cosa… por lo que acude cada día puntual a su cita con la labor no remunerada.
A “A” no le van demasiado mal las cosas últimamente y está feliz con su dinámica, pero se le presenta una gran oportunidad a una semana vista de terminar su contrato con la empresa 1: la llaman de la empresa 2 para solicitar su incorporación inmediata durante una buena temporada. El trabajo en la empresa 2 le encanta a “A”, y además cobrará un sueldo como la mayoría de los mortales cada mes, por tanto decide dar una explicación a Jefe 1 y cambiar de curro.
Jefe 1 reacciona mal en un principio: echa en cara que “A” se marche sin cumplir la semana que le queda. Le dice cuánto mejor le iría en su empresa, cuánta experiencia podría adquirir si prorrogase durante seis meses (a cincuentamil de las antiguas pesetas), y como “A” insiste en la necesidad que le apremia en el momento de marcharse al otro lado, Jefe 1 le advierte de lo negativo que puede resultar para su carrera profesional irse de un trabajo como ese para otro de “dependienta” (dicho con sarcasmo).
“A” le responde educadamente, pasa de rebotarse porque no le interesa tener enemigos… se disculpa de nuevo, vuelve a dar las gracias por todo y se marcha a su nuevo trabajo.
Que se joda; a “A” le importa cuatro pitos y un tambor su “futuro profesional en el mundo de las ciencias” si lo va a alcanzar a base de dejarse putear y realmente no cree que le vaya a ir tan mal por haber dejado unas prácticas una semana antes. Y que trabaje de gratis la prima de Jefe 1.
2. Caso segundo: La salud.
“A” se levanta por la mañana y acude a su cita con el fisioterapeuta. Cada tres meses más o menos, su espalda le pega un aviso en forma de presión y dolor cervical, que le indica que debe hacer ejercicios de estiramiento y acercarse al fisio a descontracturar.
El fisio le pega el masaje y deshace un poquito sus contracturas. Le dice que respire hondo y le cruje la espalda (aprieta las vértebras hasta que triscan una por una). Comienza a apretarle en el cuello y le comenta que le va a hacer un giro extraño para crujirle el cuello.
“A” se niega: le basta y sobra con el masaje muscular, no quiere arriesgarse a una manipulación cervical de manos de un fisio al que no conoce de nada. El fisio termina de masajear y le suelta a “A” una parrafada técnica con una nomenclatura extraña sobra lo fatal de la muerte que está su espalda, sobre el bloqueo cervical que tiene encima, y sobre la urgencia de volver a los tres días a manipular su columna porque si no “se encontrará mucho peor”. “A” le dice “sí, sí, ya veré” y tras pagar los dieciocho euros, o las tresmil antiguas pesetas, le pide que repita el rollo con el fin de memorizar el diagnóstico.
“A” sale del fisio y llama por teléfono a su amiga “C”, que casualmente controla muucho de quiromasaje. “C” le confirma lo evidente: lo que ella tiene es bastante común al resto de los mortales, y efectivamente NO le sucederá nada por no continuar durante varias semanas pagándole al fulano.
Si “A” no tuviese información a mano y se hubiese creido al tipo, probablemente se acojonaría bastante y volvería cuantas veces se lo hubiesen recomendado a crujir espalda y masajear cuello.
El miedo de las personas es, más a menudo de lo que nos pensamos, una característica que muchas personas aprovechan para conseguir sus propósitos, aprovechando nuestra desinformación. Mucho cuidado antes de dejarnos influenciar.
“A” se queda bastante mosqueada, y piensa que debe tener cara de idiota, o que la gente confunde el que no tenga mal genio y quiera evitar conflictos con que se haya caido de un guindo. En fin, cada loco con su tema.
PD. a “A” no le pagan los 300 € del primer mes currado completo en empresa 1, ni la parte proporcional de las tres segundas semanas por haberse marchado. Pero le da igual, no todo se compra con dinero.
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