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La indecisión puede conmigo

 

Hoy es uno de esos días en los que la cabeza parece que me va a estallar. No hay cosa que más me fastidie que tener que tomar decisiones.

Es uno de mis defectos más característicos, la continua indecisión. ¿Lo hago? ¿No lo hago? ¿Sí? ¿No?… Si tengo dos alternativas, no soy capaz de meditar sobre la cuestión, decidir y listo. Siempre tiendo a barajar las opciones una y otra vez, pensando en qué pasará si hago ésto o lo otro, qué consecuencias tendrá inmediatamente y, lo que es peor… cómo podrá influir mi decisión a largo (muy largo) plazo.

Pues cada vez que puedo hacer “A” o “B” medito, pienso, cavilo, rumio, me rallo hasta extremos insospechados con el mismo tema, hasta que, como hoy, acabo tan cansada psicológicamente que decido pasar de todo, pillarme un cabreo monumental conmigo misma y tomarme un par de valerianas >:(.

Estoy trabajando de lunes a sábado, y lo llevo muy bien :) . Pero… ayer me surgió algo: me ofrecieron ir un par de domingos de cada mes, y algún que otro festivo, a currar en un videoclub en el que estuve hace varios años. Mi ex-jefe parecía bastante interesado (y apurado, se le debió de marchar alguna empleada) y me intentó convencer de las buenas condiciones que me ofrecía por trabajar los festivos (como sabreis, se pagan bien).

El caso es que … después de mucho meditar, le he dicho que NO… y no sabeis cuánto me ha costado tomar esa decisión.

Por una parte la cosa estaba clara: unas pelas extra por cuatro horas al día a nadie le vienen mal (y a mi que me toca VOLVER a pagar una pedazo matrícula en septiembre ni os figurais) … pero…

… Hace cinco años, los mismos que hace que me fui de ese videoclub para trabajar en otro sitio, me juré y perjuré a mi misma que NO volvería a trabajar un domingo, y que al menos mi cuerpo necesita un día a la semana para desconectar.

Al final he decidido que me va a compensar más el descanso que el ingreso extra que supondría pasar los domingos aguantando a los malotes que paran a comprar chucherías en el videoclub.

Y lo he hecho, he renunciado al curro pero no dejo de sentirme culpable por ello :( . Hoy en día el trabajo está más o menos mal para todo el mundo, y me da mal rollo ir rechazando ofertas. Pero en vez de decidirme y olvidar el tema, pues no, hala! Y rallo, y rallo, y rallo… y culpable… y no culpable… Arrgh!!!!

Y luego está lo del examen. A ver, tengo OTRO examen más pasado mañana y, francamente, no he estudiado lo suficiente. Lo normal sería “pues no voy, me presento pa la siguiente que total no me va la vida en ello” pero no. Tengo una congoja encima tremenda porque hoy he decidido no ir. Y claro, podría pasarme toda la noche repasando y podría aprobar… pero es que NO me apetece nada.

Y eso, que la decisión está tomada, pero hasta el viernes que es el puñetero examen no se me pasará la angustia. Hasta que vea que son las cuatro de la tarde y que ya no puedo presentarme aunque quiera, hasta que vea la oportunidad agotada, no me quedaré tranquila.

¿Alguien sabe la manera de no comerse la olla por estupideces? :S

Gracias! ;)